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Calevaro lo definió como ..."
excepcional por sus dotes
musicales y guitarrìsticas”
SOLARI: “PARA MI PRIMERO ESTÁ
EL HOMBRE
DESPUÉS EL GUITARRISTA”
El guitarrista uruguayo Gonzalo Solari
está desde hace muchos años radicado en Europa. Allí ha desarrollado una
intensa carrera, donde además de su labor concertística trabaja como docente
y en la organización de concursos. Este músico a quien Abel Carlevaro
calificó en 1981 como “...excepcional por sus dotes musicales y
guitarrísticas” agregando “Gonzalo Solari es un guitarrista que merece el
aplauso del público", ha conversado con Klassicaa.com desde su país de
residencia: Italia.
El origen
K - ¿Por qué eligió la guitarra y no otro instrumento? Es determinante el
hecho de haber nacido en una ciudad del interior uruguayo, donde la guitarra
está tan arraigada a la tradición folclórica.
Creo que las razones por las que elegí la guitarra y no otro instrumento son
las mismas por las que prefiero el verde al azul. Fáciles de percibir e
imposibles de explicar.
No sé en realidad cuánto puede haber influido el hecho de haber nacido en el
interior. A principios de la década del 60', Fray Bentos era una ciudad
próspera. Su vida apacible y sin apremios era un estímulo para que mucha
gente se dedicara a cultivar el goce estético, que es una de las formas más
nobles del ocio aristotélico. En mi casa paterna, las guitarras metálicas de
Gardel cantaban antes que el gallo, pues junto a mi casa vivía un gardeliano
de ley. Todas las mañanas, puntualmente, la voz de Gardel y sus guitarras
entraban por la ventana de nuestra cocina o atravesaban la pared de nuestro
dormitorio. Seguramente el timbre de esas guitarras abrió una brecha en mi
sensibilidad, como lo hizo también el que llegaba a través de las radios
argentinas, muy escuchadas en nuestros pagos fronterizos. Esa época
coincidió además con el auge de la música folclórica en la vecina orilla.
Eduardo Falú, Buenaventura Luna, La Tropilla de Huachi Pampa, Los
Fronterizos, Los Cantores de Quilla Huasi, Atahualpa Yupanquiy tantos otros,
que en este momento no recuerdo, no sólo tenían una amplia difusión
radiofónica sino que también comenzaban a abrirse camino en la televisión.
Paradojicamente, en Fray Bentos era
mucho más difícil escuchar la música de los intérpretes y creadores
uruguayos que de los argentinos. Entre los nuestros recuerdo a Antonio
Tormo, Anselmo Grau, Aníbal Sampayo, Alfredo Zitarrosa y Osiris Rodríguez
Castillos. Este último, muchos años después me honró con su presencia en uno
de mis conciertos en Madrid. En todos ellos y bajo formas distintas, la
guitarra era una presencia constante.
En tren de seguir rastreando influencias, cómo no recordar las guitarras de
Julio Jaramillo. Repiqueteaban junto a sus boleros en las siestas
fraybentinas gracias a un programa radial de aquellos en los que leían las
dedicatorias: " De ella que aún lo ama para él que no la olvida..."
Claro, hasta aquí hemos hablado de la guitarra usada en función del canto.
La de Sor, Tárrega y Barrios es harina de otro costal.
La guitarra como instrumento de concierto siempre tuvo cultores en Fray
Bentos. Antonio Bachini (1850-1932), un coloniense aficionado a la guitarra
que fue Ministro de Relaciones Exteriores, solía hospedar en habitaciones
del propio Ministerio a un guitarrista nativo de Río Negro llamado Gregorio
Amaral. Decía inclusive que su técnica era comparable a la de Miguel Llobet.
Amaral tenía una peluquería en Fray Bentos. Fue poco conocido fuera de
nuestro departamento, a causa de los nervios que lo traicionaban en público.
No olvidemos tampoco el pasaje de Agustín Barrios por Fray Bentos, donde
seguramente se encontró con Amaral. Y después hay una larga lista de nombres
locales, tal vez desconocidos para el público de los conciertos.
Me vienen a la memoria algunos: Raúl Arguimbao, quien fue mi primer maestro;
"Maneco" Villalba, que había tomado algunas clases con Rapat; Ruben Barsanti,
un personaje entrañable; Peri, que trabajaba en el telégrafo; el "Conejo"
Tiscornia, los hermanos Canzani, Ramón Aguilar; Álvaro Gagauz, que además
era cantor y estudiaba con Anselmo Grau; el "Cholo" Quintana, cuya Telésforo
Julve era la envidia de mi cascoteada Vordini, y algunos más que seguramente
se me han quedado en el tintero.
En fin, toda esa gente mantuvo encendida la llama de la guitarra. Cuando yo
me asomé por primera vez a este instrumento maravilloso, tuve la suerte de
encontrar el campo arado y esto fue, en parte, mérito de ellos.
El encuentro con Abel Carlevaro
K- ¿qué significó para su carrera ser alumno de Abel Carlevaro?
Antes que nada, significó un raro privilegio. El choque que me produjo el
encuentro con él fue indudablemente el más grande que yo había recibido
hasta ese momento. Y fue un encuentro que se dio gracias a un disco suyo, un
disco que entró en mi casa junto a un viejo tocadiscos Metrotone que había
comprado mi padre.
A Carlevaro, en vivo, lo escuché por primera vez en el 1970. Vino a tocar a
Fray Bentos. Yo tenía 14 años. Ese concierto fue para mí una segunda y
definitiva revelación. Encontrar en mi propio país un guitarrista que había
pulido, lustrado y limado el sonido de la guitarra era una experiencia que
un joven tenía no sólo que recibir sino que aceptar y seguir. Seguir sin
imitar, por supuesto. Eso es lo que hizo que a mí, por suerte, no me tocara
ser un carlevariano a ultranza. Si no, fíjese lo que pasó con los que en
lugar de seguir la lección de Abel, se empecinaron en imitarlo. El resultado
fue una plaga de carlevarianos de los cuales nadie se acuerda hoy.
Carlevaro fue decisivo para mi carrera.Yo diría que fue imprescindible, pero
tendríamos que ponernos de acuerdo con respecto al alcance de algunas
palabras.
"Carrera", nos da de inmediato una idea de movimiento y para muchos
en ella está implícito el concepto de "llegar". Yo pienso que en
realidad no se llega a ningún lado. En el fondo, eso que llaman “carrera”
no es otra cosa que un largo, fascinante, tortuoso y fecundo camino que nos
lleva al encuentro con nuestra propia personalidad. Es un permanente ajuste
de cuentas con nosotros mismos.
Para que ese encuentro se haga realidad es necesario cruzar un largo puente
existencial. El maestro, por más grande que sea, podrá en el mejor de los
casos indicarnos el lugar en el que aquel empieza; pero tendremos que
cruzarlo caminando con nuestros pies. Los que nos fuimos del país, los que
vivimos en Europa desde hace muchos años, tuvimos que encontrar las
soluciones a nuestros propios problemas lejos de la sombra protectora, esa
capaz de sacarnos las castañas del fuego.
Abel no fue solamente un creador, un maestro que nos enseñó a pensar el
instrumento; fue también un gran intérprete. Más de uno lo definió como un
intérprete "austero". Yo pienso que en realidad fue un guitarrista
esencial, que prefirió siempre lo medular a lo accesorio y que contribuyó
con su enfoque interpretativo a quitarle a la guitarra esa pátina "cursi"
que empaña casi todas las interpretaciones de Segovia. Y no se trata sólo de
enfoques o criterios interpretativos pertenecientes a épocas diferentes como
podríamos pensar escuchando el Bach de Pablo Casals. No, si usted escucha
las grabaciones de Agustín Barrios, jamás se encontrará con la cucharada de
miel arriba del azúcar. Eso es segoviano. Creo que Abel, como Arturo
Benedetti Michelangeli, dentro de cien años será actual. Mantendrá la
vigencia de los grandes intérpretes.
Los concursos
K - Usted fue premiado en varios concursos, muchos de ellos seguramente le
dieron oportunidades para desarrollarse. Además, fue fundador y director de
un Concurso en su ciudad natal. Hoy, transcurridos varios años y en plena
madurez como artista ¿qué piensa de los concursos?
Los concursos al igual que los coladores pueden ser sumamente útiles. Y la
utilidad de un colador consiste en que lo aprovechemos del lado bueno. Si en
el momento de colar los espaguetis nos bebemos el agua tibia, la culpa no es
del colador.
Del lado bueno, rescataría el rigor de la imposición. Un concurso, cuando
está organizado como Dios manda, conlleva la limitación de “no poder elegir”
(me refiero a las obras obligatorias); nos empuja en definitiva a estudiar
un repertorio que de otra forma a lo mejor ni siquiera pondríamos sobre
nuestros atriles.
Del lado negativo no vale la pena ocuparse. Toca el registro más bajo de la
condición humana y tiene que ver con aquello de que el fin justifica los
medios. Cualquiera que conozca los vericuetos del ambiente musical, sabe que
de esas miserias hay como para regalar.
La escuela uruguaya de guitarra: ¿realidad o invención?
K - La escuela uruguaya de la guitarra ¿por qué piensa que es tan reconocida
a nivel internacional?
Yo no estoy seguro de que esto sea tan así. O por lo menos lo fue hasta hace
algunos años.
No quiero decir con esto de que no puedan surgir nuevos valores, pero una
cosa son algunos casos aislados y otra muy diferente es una tradición
guitarrística de altísimo nivel, enraizada en una entera generación y
reconocida internacionalmente.
Esta no es la situación actual de la guitarra uruguaya porque, entre otras
cosas, del país en el que se crió nuestra generación ya no quedan ni los
escombros. Es impensable que la guitarra pueda quedar ajena a ese
descalabro.
Hubo sin duda una generación extraordinaria. Los más jóvenes andarán por los
43 años y los veteranos estarán aranando los 54 o 55. La mayoría de ellos,
por razones obvias, está en el exterior.
Si tuviera que citar los países que poseen actualmente un alto nivel
guitarrístico, nombraría a España, Italia, Japón, Alemania, Estados Unidos,
Francia, Argentina, Brasil y algunos países de la ex Europa Oriental.
Entiéndase bien, se trata en la mayoría de los casos
-hay honrosas excepciones- de un alto nivel guitarrístico dentro de un
concepto de la guitarra que huele a naftalina. Concebir la guitarra como una
orquesta no es lo mismo que reducirla a lo que ella era antes de que
apareciera Carlevaro. Hay gente que toca con un nivel muy bueno, muy
profesional, dentro de los dos enfoques. A mí, personalmente, hace años que
el segundo "no me ne frega" pues va a contrapelo de la historia, de
la estética y de la funcionalidad del instrumento.
El vacío que dejaron Carlevaro y Santórsola se ha revelado hasta ahora
incolmable. Si a esto se agrega el efecto devastante de la crisis económica,
que repercute en la cultura, creo que será difícil para el ambiente de la
guitarra uruguaya seguir el paso de los países anteriormente citados.
Europa… posibilidades y desarrollo
K - Radicarse en Europa... ¿posibilita una mejor carrera?
Si entiende con ello una mayor posibilidad de dar conciertos, de realizar
giras, etc., indudablemente sí.
De todas maneras es un camino empedrado de dificultades, ya que, desde el
pique, debo aclararle que los países de la Comunidad Económica Europea no
son como el Uruguay, en donde cualquiera que abre el paracaídas no sólo
planta su bandera, sino que además tiene preferencia sobre los propios
uruguayos. Esto, que es harina de otro costal, delata un pasado colonial,
que asoma por las hilachas de nuestra idiosincrasia.
Acá no se radica quien quiere sino quien puede. Lo saben perfectamente todos
aquellos uruguayos que han sido deportados, por ejemplo, desde Madrid.Yo me
vine a Europa gracias a un premio y a una beca. Las condiciones en las que
uno llega y el ambiente que lo recibe son determinantes. Los primeros
tiempos fueron muy duros.
A Lucía, mi segunda hija, que actualmente vive en Alemania (es bailarina del
Hamburg Ballet de John Neumeier), la conocí en el Aeropuerto de Roma cuando
tenía dos meses. Yo ya me había marchado del Uruguay cuando ella nació en
Montevideo…"Quien en la vida tiene un porqué es capaz de soportar cualquier
cómo". Esto lo escribió Nietzche.
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K - ¿Cómo ven a un guitarrista latinoamericano en el
medio musical europeo?
Tal vez no sea yo la persona más indicada para responderle. Se lo tendría
que preguntar a un europeo. A juzgar por lo que escriben los críticos, no me
puedo quejar. Acá el ambiente de la guitarra es de una competitividad feroz
y el nivel es muy alto. Hay muchos y muy buenos intérpretes.
Si tuviera que enumerar las razones por las que me alegro de haberme venido
a Europa, le citaría en primer lugar la posibilidad que he tenido de conocer
prácticamente todo el mundo, viajando con los ojos muy abiertos; el tener
que enfrentar situaciones de enorme dificultad con una familia que dependía
materialmente de mi trabajo, cosa que me enseñó a acorazarme frente a la
adversidad; el haber tenido la oportunidad de frecuentar el ambiente de los
artistas e intelectuales europeos, que se mueven con códigos muy distintos
(no estoy dando con esto un juicio de valor) a los nuestros, y en
definitiva, el poder ver con la perspectiva que da la distancia, entre otras
cosas, que en el Uruguay somos campeones en levantar monumentos a la
charlatanería provinciana.
Me refiero a ciertos ambientes, a una mentalidad enraizada en toda esa
hojarasca de "intelectuales" que no han llegado más allá de la Barra de
Santa Lucía, que han tirado la toalla en Playa Pascual y que, desde las
páginas, micrófonos y pantallas de distinto pelaje, catonizan con tono
paternal. Son los amigos que escriben de los amigos y se felicitan entre
ellos una vez por semana.
Esta actitud sobrevive aún en la superficialidad de algunos periodistas de
brocha gorda que se autodefinen escritores en el país de Felisberto, de
Onetti, de Osiris Rodríguez Castillos o de Horacio Quiroga.
Bueno, creo que no vale la pena gastar pólvora en chimangos.Volvamos
al tema. Cada vez que la crítica se ha ocupado de mí, supongo que lo ha
hecho desnacionalizándome. Cuando he tocado en Roma, Madrid, París o Bremen,
no creo que el hecho de ser uruguayo o latinoamericano haya sido una
variable importante para la crítica y el público. Inclusive los críticos
uruguayos en las innumerables oportunidades en que han venido a mis
conciertos, seguramente lo han hecho atraídos por un guitarrista sin
importarles el hecho de que haya nacido en Fray Bentos, de que sea de
izquierda, de derecha o progresista o de que se haya nacionalizado italiano.
Estos son datos anecdóticos.
Lo que sí puedo decirle es que desde hace un buen tiempo, en lo más íntimo y
luego de muchos años, me siento menos extranjero de este lado del océano. No
sé a que obedece esta mutación y no descarto de que sea algo inevitable como
pueden ser la vejez, el hambre o el sueño.
Nunca
dejé de sentirme uruguayo. Detesto en cambio ese “patrioterismo”
de "tiranos temblad!", mate, dulce de leche y medio tanque, que pretende
afirmar su identidad a través de la caricatura.
Me siento por sobre todo latinoamericano. No podemos caer en la trampa de
quienes necesitan mantener divididos a nuestros pueblos, explotando sus
odios recíprocos en favor de los intereses creados en un siglo de feudalismo
tradicional.
No sufro de esa nostalgia enfermiza que embreta a muchos compatriotas cuando
están afuera. Si la siento en la nuca, ensillo el mate, agarro la guitarra y
me toco algún estilo o me despacho unas milongas. Eso me alcanza y sobra
para recuperar la geografía de mis afectos y ahí nadie me pisa el poncho a
la hora de sentirse más uruguayo. Son "cosas chicas para el mundo pero
grandes para mí", como decía Elías Regules.
“Primero el hombre después el guitarrista”
K - La guitarra es un instrumento de concierto "académico" pero también de
peñas populares, ¿qué le aporta o le quita esta versatilidad?
La guitarra es el instrumento más fácil de tocar mal y el más difìcil de
tocar bien. Puede ser que esta frase haya nacido, como tantas, del ingenio
popular. Con admirable capacidad de síntesis, nos traza el retrato de un
instrumento fascinante y complejo que no le cierra la puerta en la cara a
nadie.
Prefiero ahorrarle el empacho con la sopa recalentada de las relaciones
entre la música culta y la música popular. Sobre el tema han corrido ríos de
tinta. Existe en cambio un aspecto interesante sobre el cual me gustaría
aportar una reflexión. Me vino a la mente a raíz de ese término que usted
acaba de usar: peñas populares.
Yo nací y me crié en Fray Bentos, en donde esas reuniones alrededor de un
instrumento se llevaban a cabo bajo nombres y formas distintas. Eran siempre
en un clima fraternal, de sincera camaradería. Como pretexto bastaban un
costillar, un tintacho y algunos chorizos para dar el puntapié inicial.
Vinito va, vinito viene, nos pasábamos de mano en mano una guitarra que
siempre terminaba "más sucia que teléfono de carnicero".
Cuando tenía catorce o quince años, nos juntábamos con cinco o seis amigos y
rumbeábamos para Las Cañas. Hacíamos una "vaca" para comprar lo
necesario y la pasábamos guitarreando, contando chistes y también
discutiendo de política, de literatura o de fútbol hasta que amanecía.
Cuando nos íbamos a dormir, nunca faltaba un vecino madrugador que nos
ofreciera el primer mate mañanero. Nos cruzábamos con los que se acababan de
levantar!
La guitarra no sólo presidía los asados. Había una parrillada en el Club
Nacional de Basketball, que regenteaban los muchachos del Grupo Vocal
Uruguay. Ellos hacían música popular, pero con mucho gusto, muy elaborada,
en la línea del Cuarteto Zupay o de Los Trovadores. A veces cantaban "a
capella" cosas de Piazzolla como "Chiquilín de Bachín" u obras
del cancionero mejicano tradicional, como Antonino. Cuántas veces me habré
trenzado en guitarreadas con Raúl, con Wáshington, con el negro "Cachula" o
con otros que recalaban para tomarse un vinito, comerse unas achuras o
simplemente para ver llover de adentro si los sorprendía un chaparrón
helado.
Ya en Montevideo, el asado con guitarra sellaba con su rito cada vuelta al
pago y años después, cada regreso al Uruguay luego de una gira europea. Aún
hoy, a pesar del tiempo y de la distancia, sé que si voy a Fray Bentos puedo
contar con aquel fueguito encendido, la grasa chorreando sobre la leña y la
guitarra fraternal de los amigos. Lamentablemente los años transcurren y a
pesar de que los afectos siguen intactos, faltan algunos nombres para
escribir en los sobres de las cartas. ¡Cómo no recordar a los que ya no
están físicamente entre nosotros! cómo mis ex alumnos Antonio Portela y
Alvarito Fripp.
Usted se preguntará: ¿Por qué le cuento todo esto?
Porque la vida del interior con la morosidad de sus ritmos, su concepto de
la lealtad y de la amistad, que siempre son inseparables y hasta nuestra
geografìa chata, sin accidentes ampulosos, jamás es impune. Allá tocábamos
la guitarra porque sí, por que nos gustaba y no habían celos ni envidias.
Ese gusano se asoma a la manzana cuando la gente por escalar, por hacer
carrera, empieza a caminar a los codazos.
Para mí viene primero el hombre y después el guitarrista. Aquel clima de las
peñas o de los asados, me limpió el horizonte de envidias y me lo pintó con
el color luminoso de la generosidad.
Me gustaría saber cuántos músicos compatriotas residentes en el exterior han
reservado siempre un lugar para sus colegas uruguayos a la hora de invitar a
los artistas. Yo siempre lo hice.
Y lo hice porque sí, por la misma razón por la que en Fray Bentos, allá
lejos y hace tiempo, nos juntábamos a bordonear.
Le doy algunos nombres: Abel Carlevaro, Baltazar Benítez, Alvaro Pierri,
Amílcar Rodríguez Inda, Ulises Passarella, Ulises Ferretti, Daniel Viglietti,
Germán Prentky (no pudo venir por un problema suyo), Jorge Oraisón (igual
que Germán), Pancho Graells (caricaturista), la Orquesta Municipal de Tango
de Río Negro, el Cuarteto de Rubén De Lapuente con una pareja de bailarines
(Adriana Enebú y Omar Maldonado) y otros que en este momento no recuerdo.
Sé perfectamente que se trata de una excepción que confirma la regla. La
mayoría es sumamente “disponible” –muchas veces dan vergüenza ajena-
con sus colegas extranjeros y mira para otro lado cuando pasa un
compatriota. Es la ceguera de quien, mentalmente sigue colonizado.
Un museo de la guitarra en Fray Bentos: “empezar por la
aldea”
K - Uruguay... ¿recuerdo, presente o futuro en la vida de Solari?
Las tres cosas juntas. José Ingenieros escribió alguna vez que "el terruño
es la patria del corazón". Es un sentimiento natural que no está determinado
por ningún concepto político. El terruño se ama por instinto, con
espontaneidad y no tiene necesidad de estímulos educativos, porque es
anterior a la escuela misma. Sabe lo que me gustaría poder hacer algún día?
Un museo de la guitarra en Fray Bentos.
Hay varias razones para ello. Por Fray Bentos pasó Agustín Barrios. Allí
fundé la primera Escuela Municipal de Guitarra que tuvo la ciudad. Allí
organizamos durante dos ediciones (1986 y 1987) el Concurso Internacional de
Guitarra "Abel Carlevaro". Fue el primero en la historia del movimiento
guitarrístico uruguayo en llevar el nombre de Abel. En ambas oportunidades
él vino a Fray Bentos y presidió el Jurado. Ahora lo organizo de este lado
del océano, cerquita de Florencia. Cuenta con el apoyo oficial de Vani
(Leal) la esposa de Abel, de la Comuna de Piandiscó, de la Provincia de
Arezzo y de la Embajada del Uruguay en Italia.
La última edición tuvo lugar el pasado 18 de junio. Era el 20° aniversario
de la primera edición fraybentina. Tuvo muchísimo éxito y el nivel fue muy
alto.Ya estamos pensando en la edición del 2007.
Volviendo al tema del museo, creo que sería muy interesante poder reunir
todo el material de partituras amarillentas, viejos discos, programas de
conciertos, guitarras, accesorios (yo tengo en mi poder una cuerda de tripa,
una tercera marca Aída de fabricaciòn uruguaya, que Agustín Barrios le
regaló a Gregorio Amaral) y demás, que de seguro vagan como fantasmas en las
viejas casas de familia o en el aire de los patios con malvones. Limas
gastadas por las uñas, banquitos y- por qué no?- aquella montaña de
partituras que se apilaban en la Escuela de Guitarra "Aguado Tárrega" de la
calle Treinta y Tres.
Para esta obra de rescate de ese importante movimiento cultural que se dió
casi siempre por afuera de la cultura oficial, yo tendría inclusive los
contactos académicos e institucionales para subvencionarla a través de
programas de cooperación internacional. El número 3 trae suerte. Fray Bentos
ya tiene dos museos. Este completaría el trío y podría, por extensión, darle
un impulso fundamental a la cultura musical del departamento.
Empezar por la aldea para luego entrar en contacto con el mundo, es quizás
la única forma de no caerse con los ojos clavados en el ombligo.
GONZALO SOLARI
Considerado por la crítica como uno de los más refinados guitarristas de su
generación, Gonzalo Solari nació en Fray Bentos, Uruguay, y estudió guitarra
con Amilcar Rodríguez Inda y Abel Carlevaro, completando sus estudios de
Armonía, Contrapunto, Fuga e Interpretación con Guido Santorsola.
Solari ha desarrollado una intensa carrera artística actuando en varios
países del mundo, desde América Latina a Rusia, desde Japón a Suecia.
Ha obtenido importantes premios internacionales y es considerado como un
guitarrista de técnica impecable, fraseo prodigioso y de profundo rigor
estilístico, que lo convierten en uno de los protagonistas del actual
panorama guitarrístico internacional.
Gonzalo Solari es además un destacado docente. Ha sido invitado a participar
en festivales internacionales, tanto en calidad de concertista como de
docente. También ha sido jurado en importantes concursos.
El 15 de noviembre de 2002, en el marco del XI Encuentro Internacional de
Guitarra Ciudad de Linares “Andrés Segovia” en España, Gonzalo Solari ha
sido protagonista de un aclamado concierto en la Casa Museo que lleva el
nombre del guitarrista andaluz. Ha sido el primer guitarrista
latinoamericano invitado a brindar un recital en ese museo.
Músico ecléctico, colabora con el actor Arnoldo Foà en la realización de un
recital poético-musial titulado “La poesía y la memoria”, espectáculo
que fue aclamado por la crítica y el público, y que tuvo especial suceso en
el Teatro De Servi, en Roma, Italia.
Actualmente, el guitarrista ejecuta en una guitarra construida en 1981 por
el luthier japonés Masaru Kohno.
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