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Próximo reconocimiento empresarial en  URUGUAY

 

“THE BIZZ AWARDS 2007”

 

 

 

La CONFEDERACIÓN MUNDIAL DE NEGOCIOS (WORLD CONFEDERATION OF BUSINESSES), premiará este 19  de Septiembre  a un selecto grupo empresarial uruguayo con el más alto reconocimiento internacional, “THE BIZZ AWARDS 2007”.

 

La Confederación Mundial de Negocios, con sede en Houston, tiene como misión reconocer, estimular y motivar con el Premio Empresarial más importante del mundo “THE BIZZ AWARDS” a las empresas y/o personalidades más destacadas de cada país.

 

Asimismo, se acaba de realizar con gran éxito el evento central, “THE

BIZZ AWARDS 2007” realizado en la ciudad de Punta Cana, ceremonia en la que se reunieron  más de 600 empresarios  de 18 países de América Latina y Francia.

 

Entre las empresas a nivel Internacional premiadas, destacan: Panasonic Latinoamérica, Cerveza Corona, Siemens, Merck, Compañía de Cervezas Nacionales, BNP Paribas, Intel, Continental Airlines, Novartis, Yanbal, Scotiabank de Costa Rica, Lg Electronics entre otras.

 

El Gerente de WORLDCOB, Dr. Jesús J. Morán informó que este reconocimiento trae beneficios para las compañías premiadas, entre los que se encuentran incrementar las ventas  y mejorar  la posición de las marcas en el mercado.

 

La ceremonia de entrega de los premios “THE BIZZ AWARDS URUGUAY” esta programada para este  19 de Septiembre a partir de las 8pm, en las instalaciones del HOTEL  RADISSON MONTEVIDEO.

Cualquier información adicional, sírvanse acceder a nuestro website www.thebizzawards.com.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

URUGUAYOS  EN  EL  MUNDO

 

 

 

Calevaro lo definió como ..." excepcional por sus dotes

musicales y guitarrìsticas”

 

SOLARI: “PARA MI PRIMERO ESTÁ EL HOMBRE

DESPUÉS EL GUITARRISTA”

 

 

El guitarrista uruguayo Gonzalo Solari está desde hace muchos años radicado en Europa. Allí ha desarrollado una intensa carrera, donde además de su labor concertística trabaja como docente y en la organización de concursos. Este músico a quien Abel Carlevaro calificó en 1981 como “...excepcional por sus dotes musicales y guitarrísticas” agregando “Gonzalo Solari es un guitarrista que merece el aplauso del público", ha conversado con Klassicaa.com desde su país de residencia: Italia.

 

El origen

K - ¿Por qué eligió la guitarra y no otro instrumento? Es determinante el hecho de haber nacido en una ciudad del interior uruguayo, donde la guitarra está tan arraigada a la tradición folclórica.

Creo que las razones por las que elegí la guitarra y no otro instrumento son las mismas por las que prefiero el verde al azul. Fáciles de percibir e imposibles de explicar.

No sé en realidad cuánto puede haber influido el hecho de haber nacido en el interior. A principios de la década del 60', Fray Bentos era una ciudad próspera. Su vida apacible y sin apremios era un estímulo para que mucha gente se dedicara a cultivar el goce estético, que es una de las formas más nobles del ocio aristotélico. En mi casa paterna, las guitarras metálicas de Gardel cantaban antes que el gallo, pues junto a mi casa vivía un gardeliano de ley. Todas las mañanas, puntualmente, la voz de Gardel y sus guitarras entraban por la ventana de nuestra cocina o atravesaban la pared de nuestro dormitorio. Seguramente el timbre de esas guitarras abrió una brecha en mi sensibilidad, como lo hizo también el que llegaba a través de las radios argentinas, muy escuchadas en nuestros pagos fronterizos. Esa época coincidió además con el auge de la música folclórica en la vecina orilla. Eduardo Falú, Buenaventura Luna, La Tropilla de Huachi Pampa, Los Fronterizos, Los Cantores de Quilla Huasi, Atahualpa Yupanquiy tantos otros, que en este momento no recuerdo, no sólo tenían una amplia difusión radiofónica sino que también comenzaban a abrirse camino en la televisión.

 

Paradojicamente, en Fray Bentos era mucho más difícil escuchar la música de los intérpretes y creadores uruguayos que de los argentinos. Entre los nuestros recuerdo a Antonio Tormo, Anselmo Grau, Aníbal Sampayo, Alfredo Zitarrosa y Osiris Rodríguez Castillos. Este último, muchos años después me honró con su presencia en uno de mis conciertos en Madrid. En todos ellos y bajo formas distintas, la guitarra era una presencia constante.

En tren de seguir rastreando influencias, cómo no recordar las guitarras de Julio Jaramillo. Repiqueteaban junto a sus boleros en las siestas fraybentinas gracias a un programa radial de aquellos en los que leían las dedicatorias: " De ella que aún lo ama para él que no la olvida..."

Claro, hasta aquí hemos hablado de la guitarra usada en función del canto. La de Sor, Tárrega y Barrios es harina de otro costal.

La guitarra como instrumento de concierto siempre tuvo cultores en Fray Bentos. Antonio Bachini (1850-1932), un coloniense aficionado a la guitarra que fue Ministro de Relaciones Exteriores, solía hospedar en habitaciones del propio Ministerio a un guitarrista nativo de Río Negro llamado Gregorio Amaral. Decía inclusive que su técnica era comparable a la de Miguel Llobet. Amaral tenía una peluquería en Fray Bentos. Fue poco conocido fuera de nuestro departamento, a causa de los nervios que lo traicionaban en público. No olvidemos tampoco el pasaje de Agustín Barrios por Fray Bentos, donde seguramente se encontró con Amaral. Y después hay una larga lista de nombres locales, tal vez desconocidos para el público de los conciertos.

Me vienen a la memoria algunos: Raúl Arguimbao, quien fue mi primer maestro; "Maneco" Villalba, que había tomado algunas clases con Rapat; Ruben Barsanti, un personaje entrañable; Peri, que trabajaba en el telégrafo; el "Conejo" Tiscornia, los hermanos Canzani, Ramón Aguilar; Álvaro Gagauz, que además era cantor y estudiaba con Anselmo Grau; el "Cholo" Quintana, cuya Telésforo Julve era la envidia de mi cascoteada Vordini, y algunos más que seguramente se me han quedado en el tintero.

En fin, toda esa gente mantuvo encendida la llama de la guitarra. Cuando yo me asomé por primera vez a este instrumento maravilloso, tuve la suerte de encontrar el campo arado y esto fue, en parte, mérito de ellos.

 

El encuentro con Abel Carlevaro

K- ¿qué significó para su carrera ser alumno de Abel Carlevaro?

Antes que nada, significó un raro privilegio. El choque que me produjo el encuentro con él fue indudablemente el más grande que yo había recibido hasta ese momento. Y fue un encuentro que se dio gracias a un disco suyo, un disco que entró en mi casa junto a un viejo tocadiscos Metrotone que había comprado mi padre.

A Carlevaro, en vivo, lo escuché por primera vez en el 1970. Vino a tocar a Fray Bentos. Yo tenía 14 años. Ese concierto fue para mí una segunda y definitiva revelación. Encontrar en mi propio país un guitarrista que había pulido, lustrado y limado el sonido de la guitarra era una experiencia que un joven tenía no sólo que recibir sino que aceptar y seguir. Seguir sin imitar, por supuesto. Eso es lo que hizo que a mí, por suerte, no me tocara ser un carlevariano a ultranza. Si no, fíjese lo que pasó con los que en lugar de seguir la lección de Abel, se empecinaron en imitarlo. El resultado fue una plaga de carlevarianos de los cuales nadie se acuerda hoy.

Carlevaro fue decisivo para mi carrera.Yo diría que fue imprescindible, pero tendríamos que ponernos de acuerdo con respecto al alcance de algunas palabras.

"Carrera", nos da de inmediato una idea de movimiento y para muchos en ella está implícito el concepto de "llegar". Yo pienso que en realidad no se llega a ningún lado. En el fondo, eso que llaman “carrera” no es otra cosa que un largo, fascinante, tortuoso y fecundo camino que nos lleva al encuentro con nuestra propia personalidad. Es un permanente ajuste de cuentas con nosotros mismos.

Para que ese encuentro se haga realidad es necesario cruzar un largo puente existencial. El maestro, por más grande que sea, podrá en el mejor de los casos indicarnos el lugar en el que aquel empieza; pero tendremos que cruzarlo caminando con nuestros pies. Los que nos fuimos del país, los que vivimos en Europa desde hace muchos años, tuvimos que encontrar las soluciones a nuestros propios problemas lejos de la sombra protectora, esa capaz de sacarnos las castañas del fuego.

Abel no fue solamente un creador, un maestro que nos enseñó a pensar el instrumento; fue también un gran intérprete. Más de uno lo definió como un intérprete "austero". Yo pienso que en realidad fue un guitarrista esencial, que prefirió siempre lo medular a lo accesorio y que contribuyó con su enfoque interpretativo a quitarle a la guitarra esa pátina "cursi" que empaña casi todas las interpretaciones de Segovia. Y no se trata sólo de enfoques o criterios interpretativos pertenecientes a épocas diferentes como podríamos pensar escuchando el Bach de Pablo Casals. No, si usted escucha las grabaciones de Agustín Barrios, jamás se encontrará con la cucharada de miel arriba del azúcar. Eso es segoviano. Creo que Abel, como Arturo Benedetti Michelangeli, dentro de cien años será actual. Mantendrá la vigencia de los grandes intérpretes.

 

Los concursos

K - Usted fue premiado en varios concursos, muchos de ellos seguramente le dieron oportunidades para desarrollarse. Además, fue fundador y director de un Concurso en su ciudad natal. Hoy, transcurridos varios años y en plena madurez como artista ¿qué piensa de los concursos?

Los concursos al igual que los coladores pueden ser sumamente útiles. Y la utilidad de un colador consiste en que lo aprovechemos del lado bueno. Si en el momento de colar los espaguetis nos bebemos el agua tibia, la culpa no es del colador.

Del lado bueno, rescataría el rigor de la imposición. Un concurso, cuando está organizado como Dios manda, conlleva la limitación de “no poder elegir” (me refiero a las obras obligatorias); nos empuja en definitiva a estudiar un repertorio que de otra forma a lo mejor ni siquiera pondríamos sobre nuestros atriles.

Del lado negativo no vale la pena ocuparse. Toca el registro más bajo de la condición humana y tiene que ver con aquello de que el fin justifica los medios. Cualquiera que conozca los vericuetos del ambiente musical, sabe que de esas miserias hay como para regalar.

La escuela uruguaya de guitarra: ¿realidad o invención?

K - La escuela uruguaya de la guitarra ¿por qué piensa que es tan reconocida a nivel internacional?

Yo no estoy seguro de que esto sea tan así. O por lo menos lo fue hasta hace algunos años.

No quiero decir con esto de que no puedan surgir nuevos valores, pero una cosa son algunos casos aislados y otra muy diferente es una tradición guitarrística de altísimo nivel, enraizada en una entera generación y reconocida internacionalmente.

Esta no es la situación actual de la guitarra uruguaya porque, entre otras cosas, del país en el que se crió nuestra generación ya no quedan ni los escombros. Es impensable que la guitarra pueda quedar ajena a ese descalabro.

Hubo sin duda una generación extraordinaria. Los más jóvenes andarán por los 43 años y los veteranos estarán aranando los 54 o 55. La mayoría de ellos, por razones obvias, está en el exterior.

Si tuviera que citar los países que poseen actualmente un alto nivel guitarrístico, nombraría a España, Italia, Japón, Alemania, Estados Unidos, Francia, Argentina, Brasil y algunos países de la ex Europa Oriental.

 

Entiéndase bien, se trata en la mayoría de los casos -hay honrosas excepciones- de un alto nivel guitarrístico dentro de un concepto de la guitarra que huele a naftalina. Concebir la guitarra como una orquesta no es lo mismo que reducirla a lo que ella era antes de que apareciera Carlevaro. Hay gente que toca con un nivel muy bueno, muy profesional, dentro de los dos enfoques. A mí, personalmente, hace años que el segundo "no me ne frega" pues va a contrapelo de la historia, de la estética y de la funcionalidad del instrumento.

El vacío que dejaron Carlevaro y Santórsola se ha revelado hasta ahora incolmable. Si a esto se agrega el efecto devastante de la crisis económica, que repercute en la cultura, creo que será difícil para el ambiente de la guitarra uruguaya seguir el paso de los países anteriormente citados.

 

Europa… posibilidades y desarrollo

K - Radicarse en Europa... ¿posibilita una mejor carrera?

Si entiende con ello una mayor posibilidad de dar conciertos, de realizar giras, etc., indudablemente sí.

De todas maneras es un camino empedrado de dificultades, ya que, desde el pique, debo aclararle que los países de la Comunidad Económica Europea no son como el Uruguay, en donde cualquiera que abre el paracaídas no sólo planta su bandera, sino que además tiene preferencia sobre los propios uruguayos. Esto, que es harina de otro costal, delata un pasado colonial, que asoma por las hilachas de nuestra idiosincrasia.

Acá no se radica quien quiere sino quien puede. Lo saben perfectamente todos aquellos uruguayos que han sido deportados, por ejemplo, desde Madrid.Yo me vine a Europa gracias a un premio y a una beca. Las condiciones en las que uno llega y el ambiente que lo recibe son determinantes. Los primeros tiempos fueron muy duros.

A Lucía, mi segunda hija, que actualmente vive en Alemania (es bailarina del Hamburg Ballet de John Neumeier), la conocí en el Aeropuerto de Roma cuando tenía dos meses. Yo ya me había marchado del Uruguay cuando ella nació en Montevideo…"Quien en la vida tiene un porqué es capaz de soportar cualquier cómo". Esto lo escribió Nietzche.

 

 

K - ¿Cómo ven a un guitarrista latinoamericano en el medio musical europeo?

Tal vez no sea yo la persona más indicada para responderle. Se lo tendría que preguntar a un europeo. A juzgar por lo que escriben los críticos, no me puedo quejar. Acá el ambiente de la guitarra es de una competitividad feroz y el nivel es muy alto. Hay muchos y muy buenos intérpretes.

Si tuviera que enumerar las razones por las que me alegro de haberme venido a Europa, le citaría en primer lugar la posibilidad que he tenido de conocer prácticamente todo el mundo, viajando con los ojos muy abiertos; el tener que enfrentar situaciones de enorme dificultad con una familia que dependía materialmente de mi trabajo, cosa que me enseñó a acorazarme frente a la adversidad; el haber tenido la oportunidad de frecuentar el ambiente de los artistas e intelectuales europeos, que se mueven con códigos muy distintos (no estoy dando con esto un juicio de valor) a los nuestros, y en definitiva, el poder ver con la perspectiva que da la distancia, entre otras cosas, que en el Uruguay somos campeones en levantar monumentos a la charlatanería provinciana.

Me refiero a ciertos ambientes, a una mentalidad enraizada en toda esa hojarasca de "intelectuales" que no han llegado más allá de la Barra de Santa Lucía, que han tirado la toalla en Playa Pascual y que, desde las páginas, micrófonos y pantallas de distinto pelaje, catonizan con tono paternal. Son los amigos que escriben de los amigos y se felicitan entre ellos una vez por semana.

Esta actitud sobrevive aún en la superficialidad de algunos periodistas de brocha gorda que se autodefinen escritores en el país de Felisberto, de Onetti, de Osiris Rodríguez Castillos o de Horacio Quiroga.

Bueno, creo que no vale la pena gastar pólvora en chimangos.Volvamos al tema. Cada vez que la crítica se ha ocupado de mí, supongo que lo ha hecho desnacionalizándome. Cuando he tocado en Roma, Madrid, París o Bremen, no creo que el hecho de ser uruguayo o latinoamericano haya sido una variable importante para la crítica y el público. Inclusive los críticos uruguayos en las innumerables oportunidades en que han venido a mis conciertos, seguramente lo han hecho atraídos por un guitarrista sin importarles el hecho de que haya nacido en Fray Bentos, de que sea de izquierda, de derecha o progresista o de que se haya nacionalizado italiano. Estos son datos anecdóticos.

Lo que sí puedo decirle es que desde hace un buen tiempo, en lo más íntimo y luego de muchos años, me siento menos extranjero de este lado del océano. No sé a que obedece esta mutación y no descarto de que sea algo inevitable como pueden ser la vejez, el hambre o el sueño.

 


Nunca dejé de sentirme uruguayo. Detesto en cambio ese “patrioterismo” de "tiranos temblad!", mate, dulce de leche y medio tanque, que pretende afirmar su identidad a través de la caricatura.

Me siento por sobre todo latinoamericano. No podemos caer en la trampa de quienes necesitan mantener divididos a nuestros pueblos, explotando sus odios recíprocos en favor de los intereses creados en un siglo de feudalismo tradicional.
 


No sufro de esa nostalgia enfermiza que embreta a muchos compatriotas cuando están afuera. Si la siento en la nuca, ensillo el mate, agarro la guitarra y me toco algún estilo o me despacho unas milongas. Eso me alcanza y sobra para recuperar la geografía de mis afectos y ahí nadie me pisa el poncho a la hora de sentirse más uruguayo. Son "cosas chicas para el mundo pero grandes para mí", como decía Elías Regules.

 

“Primero el hombre después el guitarrista”

K - La guitarra es un instrumento de concierto "académico" pero también de peñas populares, ¿qué le aporta o le quita esta versatilidad?

La guitarra es el instrumento más fácil de tocar mal y el más difìcil de tocar bien. Puede ser que esta frase haya nacido, como tantas, del ingenio popular. Con admirable capacidad de síntesis, nos traza el retrato de un instrumento fascinante y complejo que no le cierra la puerta en la cara a nadie.

Prefiero ahorrarle el empacho con la sopa recalentada de las relaciones entre la música culta y la música popular. Sobre el tema han corrido ríos de tinta. Existe en cambio un aspecto interesante sobre el cual me gustaría aportar una reflexión. Me vino a la mente a raíz de ese término que usted acaba de usar: peñas populares.

Yo nací y me crié en Fray Bentos, en donde esas reuniones alrededor de un instrumento se llevaban a cabo bajo nombres y formas distintas. Eran siempre en un clima fraternal, de sincera camaradería. Como pretexto bastaban un costillar, un tintacho y algunos chorizos para dar el puntapié inicial. Vinito va, vinito viene, nos pasábamos de mano en mano una guitarra que siempre terminaba "más sucia que teléfono de carnicero".

Cuando tenía catorce o quince años, nos juntábamos con cinco o seis amigos y rumbeábamos para Las Cañas. Hacíamos una "vaca" para comprar lo necesario y la pasábamos guitarreando, contando chistes y también discutiendo de política, de literatura o de fútbol hasta que amanecía. Cuando nos íbamos a dormir, nunca faltaba un vecino madrugador que nos ofreciera el primer mate mañanero. Nos cruzábamos con los que se acababan de levantar!

La guitarra no sólo presidía los asados. Había una parrillada en el Club Nacional de Basketball, que regenteaban los muchachos del Grupo Vocal Uruguay. Ellos hacían música popular, pero con mucho gusto, muy elaborada, en la línea del Cuarteto Zupay o de Los Trovadores. A veces cantaban "a capella" cosas de Piazzolla como "Chiquilín de Bachín" u obras del cancionero mejicano tradicional, como Antonino. Cuántas veces me habré trenzado en guitarreadas con Raúl, con Wáshington, con el negro "Cachula" o con otros que recalaban para tomarse un vinito, comerse unas achuras o simplemente para ver llover de adentro si los sorprendía un chaparrón helado.

Ya en Montevideo, el asado con guitarra sellaba con su rito cada vuelta al pago y años después, cada regreso al Uruguay luego de una gira europea. Aún hoy, a pesar del tiempo y de la distancia, sé que si voy a Fray Bentos puedo contar con aquel fueguito encendido, la grasa chorreando sobre la leña y la guitarra fraternal de los amigos. Lamentablemente los años transcurren y a pesar de que los afectos siguen intactos, faltan algunos nombres para escribir en los sobres de las cartas. ¡Cómo no recordar a los que ya no están físicamente entre nosotros! cómo mis ex alumnos Antonio Portela y Alvarito Fripp.

Usted se preguntará: ¿Por qué le cuento todo esto?

Porque la vida del interior con la morosidad de sus ritmos, su concepto de la lealtad y de la amistad, que siempre son inseparables y hasta nuestra geografìa chata, sin accidentes ampulosos, jamás es impune. Allá tocábamos la guitarra porque sí, por que nos gustaba y no habían celos ni envidias. Ese gusano se asoma a la manzana cuando la gente por escalar, por hacer carrera, empieza a caminar a los codazos.

Para mí viene primero el hombre y después el guitarrista. Aquel clima de las peñas o de los asados, me limpió el horizonte de envidias y me lo pintó con el color luminoso de la generosidad.

Me gustaría saber cuántos músicos compatriotas residentes en el exterior han reservado siempre un lugar para sus colegas uruguayos a la hora de invitar a los artistas. Yo siempre lo hice.

Y lo hice porque sí, por la misma razón por la que en Fray Bentos, allá lejos y hace tiempo, nos juntábamos a bordonear.

Le doy algunos nombres: Abel Carlevaro, Baltazar Benítez, Alvaro Pierri, Amílcar Rodríguez Inda, Ulises Passarella, Ulises Ferretti, Daniel Viglietti, Germán Prentky (no pudo venir por un problema suyo), Jorge Oraisón (igual que Germán), Pancho Graells (caricaturista), la Orquesta Municipal de Tango de Río Negro, el Cuarteto de Rubén De Lapuente con una pareja de bailarines (Adriana Enebú y Omar Maldonado) y otros que en este momento no recuerdo.

Sé perfectamente que se trata de una excepción que confirma la regla. La mayoría es sumamente “disponible” –muchas veces dan vergüenza ajena- con sus colegas extranjeros y mira para otro lado cuando pasa un compatriota. Es la ceguera de quien, mentalmente sigue colonizado.

 

Un museo de la guitarra en Fray Bentos: “empezar por la aldea”

K - Uruguay... ¿recuerdo, presente o futuro en la vida de Solari?

Las tres cosas juntas. José Ingenieros escribió alguna vez que "el terruño es la patria del corazón". Es un sentimiento natural que no está determinado por ningún concepto político. El terruño se ama por instinto, con espontaneidad y no tiene necesidad de estímulos educativos, porque es anterior a la escuela misma. Sabe lo que me gustaría poder hacer algún día? Un museo de la guitarra en Fray Bentos.

Hay varias razones para ello. Por Fray Bentos pasó Agustín Barrios. Allí fundé la primera Escuela Municipal de Guitarra que tuvo la ciudad. Allí organizamos durante dos ediciones (1986 y 1987) el Concurso Internacional de Guitarra "Abel Carlevaro". Fue el primero en la historia del movimiento guitarrístico uruguayo en llevar el nombre de Abel. En ambas oportunidades él vino a Fray Bentos y presidió el Jurado. Ahora lo organizo de este lado del océano, cerquita de Florencia. Cuenta con el apoyo oficial de Vani (Leal) la esposa de Abel, de la Comuna de Piandiscó, de la Provincia de Arezzo y de la Embajada del Uruguay en Italia.

La última edición tuvo lugar el pasado 18 de junio. Era el 20° aniversario de la primera edición fraybentina. Tuvo muchísimo éxito y el nivel fue muy alto.Ya estamos pensando en la edición del 2007.

Volviendo al tema del museo, creo que sería muy interesante poder reunir todo el material de partituras amarillentas, viejos discos, programas de conciertos, guitarras, accesorios (yo tengo en mi poder una cuerda de tripa, una tercera marca Aída de fabricaciòn uruguaya, que Agustín Barrios le regaló a Gregorio Amaral) y demás, que de seguro vagan como fantasmas en las viejas casas de familia o en el aire de los patios con malvones. Limas gastadas por las uñas, banquitos y- por qué no?- aquella montaña de partituras que se apilaban en la Escuela de Guitarra "Aguado Tárrega" de la calle Treinta y Tres.

Para esta obra de rescate de ese importante movimiento cultural que se dió casi siempre por afuera de la cultura oficial, yo tendría inclusive los contactos académicos e institucionales para subvencionarla a través de programas de cooperación internacional. El número 3 trae suerte. Fray Bentos ya tiene dos museos. Este completaría el trío y podría, por extensión, darle un impulso fundamental a la cultura musical del departamento.

Empezar por la aldea para luego entrar en contacto con el mundo, es quizás la única forma de no caerse con los ojos clavados en el ombligo.

 

 

GONZALO SOLARI

Considerado por la crítica como uno de los más refinados guitarristas de su generación, Gonzalo Solari nació en Fray Bentos, Uruguay, y estudió guitarra con Amilcar Rodríguez Inda y Abel Carlevaro, completando sus estudios de Armonía, Contrapunto, Fuga e Interpretación con Guido Santorsola.

Solari ha desarrollado una intensa carrera artística actuando en varios países del mundo, desde América Latina a Rusia, desde Japón a Suecia.

Ha obtenido importantes premios internacionales y es considerado como un guitarrista de técnica impecable, fraseo prodigioso y de profundo rigor estilístico, que lo convierten en uno de los protagonistas del actual panorama guitarrístico internacional.

Gonzalo Solari es además un destacado docente. Ha sido invitado a participar en festivales internacionales, tanto en calidad de concertista como de docente. También ha sido jurado en importantes concursos.

El 15 de noviembre de 2002, en el marco del XI Encuentro Internacional de Guitarra Ciudad de Linares “Andrés Segovia” en España, Gonzalo Solari ha sido protagonista de un aclamado concierto en la Casa Museo que lleva el nombre del guitarrista andaluz. Ha sido el primer guitarrista latinoamericano invitado a brindar un recital en ese museo.

Músico ecléctico, colabora con el actor Arnoldo Foà en la realización de un recital poético-musial titulado “La poesía y la memoria”, espectáculo que fue aclamado por la crítica y el público, y que tuvo especial suceso en el Teatro De Servi, en Roma, Italia.

Actualmente, el guitarrista ejecuta en una guitarra construida en 1981 por el luthier japonés Masaru Kohno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

URUGUAYOS  EN  EL  MUNDO

LUCIA SOLARI - UNA JOVEN URUGUAYA

EN EL BALLET DE HAMBURGO

 

 

Recientemente, tuvimos el placer de reencontrarnos con el guitarrista uruguayo radicado en Italia, Gonzalo Solari. No creemos que debamos añadir ningún comentario a lo que es la amplia y reconocida trayectoria de nuestro guitarrista a nivel internacional.
Esta pequeña nota no tratará sobre Gonzalo, pero sí, sobre su hija Lucía.
Lucía actualmente forma parte del Ballet de Hamburgo, a cuyo frente se encuentra John Neumeier, quien fuera el principal artífice de su gran transformación y quien lo posicionara entre las principales compañias de ballet del mundo.

 

Por gentileza de Gonzalo Solari y página web del Ballet de Hamburgo

 

Recientemente, tuvimos el placer de reecontrarnos con el guitarrista uruguayo, radicado en Italia, Gonzalo Solari. No creemos que debamos añadir ningún comentario a lo que es la amplia y reconocida trayectoria de nuestro guitarrista a nivel internacional.

Sus seguidores lo conocen muy bien y si bien pocas veces recomendamos a nuestros usuarios remitirse a las entrevistas realizadas por Klassicaa, les sugerimos la lectura de una que no tiene desperdicio alguno, titulada “Para mi primero está el hombre después del guitarrista", y que encontrarán en:

http://klassicaa.com/magazine_Concierto_ver.asp?idNota

=4593&idSeccion=2&idpais=1


Eso sí, Solari está en deuda con nosotros, con una actualización entre la realización de esta entrevista, y las actividades que ha continuado desarrollando hasta el presente.

Pero, esta nota, no va a tratar específicamente de Gonzalo Solari. Muchas veces veces olvidamos que los “chicos crecen”, que crean sus propias familias y tienen a su vez hijos.
Que éstos algunas veces siguen los pasos de sus padres, en las mismas u otras otras ramas del arte. Algunos, algunos quizá influenciados por sus vivencias en ese mundo tan especial y otros, por pura y decidida vocación.
Y Gonzalo, tiene (entre otras) una hija, llamada Lucía, nacida en nuestro país, de 24 años, dedicada en cuerpo y alma a la danza.
Y es de Lucía Solari a quien hoy quisiéramos referirnos.

 

 

 

Lucía, es montevideana, nacida el 18 de octubre de 1982. Su educación en lo que concierne estrictamente a la danza, la recibió en sus comienzos en la ciudad de Arezzo, en Italia, posteriormente en la Escuela de Ballet Brenda Hamlym, en Florencia y en la Escuela del Ballet de Hamburgo

Lucía Solari recibió una beca de la Fundación "Pierino Ambrosoli" que le permitió proseguir su perfeccionamiento y en el año 1998 obtuvo el premio Danza & Danza (Premio Porselli), a la mejor bailarina italiana (Lucia cuenta también con dicha nacionalidad).

Entre sus principales profesores se encuentran las figuras de Alla Osipenko, Marianne Kruuse, Kevin Haigen, Radik Zaripov, Monique Janotta, entre otras.

Fue contratada, en primera instancia, por la Deutsche Oper am Rhein (Ópera Alemana del Rhin) y posteriormente, desde el año 2005, entró a formar parte del cuerpo de baile del Ballet de Hamburgo, esa institución creación del bailarín, coreográfo y director de ballet estodunidense John Neumeier.

Recordemos, que cuando Neumeier se convierte en maestro de ballet y coreógrafo de la Ópera de Hamburgo en 1973, -a cuyo frente aún se encuentra con el cargo de "Intendente"- realizó una completa reorganización del mismo, convirtiéndola en una de las más importantes compañías de danza a nivel mundial.
 

 


Lucía Solari cuenta en su repertorio con varias de las coreografías del maestro Neumeier, tales como el rol de Sylvia en "Sylvia", que ha bailado en Dusseldorf, así como en los solos de las coreografías de la "Sinfonía No. 2 de Schumann" de Uwe Scholz, del "Lago de los Cisnes" y "La Bella Durmiente", ambas de Yuri Vàmos. Ha interpretado tambén a la "esmeralda" en ballet "Joyas" de George Balanchine, tanto en Duesseldorf como en Hamburgo.



Probablemente, Lucía viaje a Montevideo en los próximos meses por razones familiares. En ese caso nos gustaría realizarle una entrevista para conocer de primera mano sus vivencias y experiencias en ese mundo tan especial de la danza.

Imagen principal: Lucia en una gira del Ballet de Hamburgo, en el correr de este año, frente al New York City Ballet.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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